Rogelio Frigerio evalúa si desdoblará las elecciones y si volverá a acordar con Javier Milei. José Lauritto deja abierta una proyección provincial y obliga al peronismo de Concepción del Uruguay a discutir su sucesión. Mientras tanto, la oposición local busca nombres y el escenario hacia 2027 comienza a reordenarse.

2026 no será un año de definiciones formales, pero sí será el año en que empezarán a definirse, de verdad, las relaciones de fuerza. Como ocurre siempre en los años pares, la política entrerriana se moverá menos en público y más en silencio: reuniones reservadas, conversaciones discretas, encuestas, construcción de alianzas y disputa por el posicionamiento. Será, en definitiva, un año de rosca.

En Entre Ríos, además, hay una variable que atraviesa todo el tablero: la posibilidad de que Rogelio Frigerio decida adelantar o desdoblar las elecciones provinciales respecto de las nacionales. No sería una decisión técnica ni administrativa. Sería una jugada de poder.

Si Frigerio desdobla, buscará provincializar la elección. Intentará que la discusión pase por su imagen y no por el humor nacional respecto de Javier Milei.

Sin embargo, el escenario ya no es tan lineal como parecía hace algunos meses. Distintos sectores de La Libertad Avanza y del gobierno nacional vienen dejando trascender que, en provincias como Entre Ríos, podría reeditarse un acuerdo entre Milei y gobernadores aliados como Frigerio. Eso significa que, aun si la provincia avanza hacia una elección separada o intenta provincializar la discusión, no puede descartarse que Juntos por Entre Ríos y La Libertad Avanza vuelvan a compartir estrategia, candidatos o al menos un entendimiento político.

Pero también existe otra posibilidad: que la Casa Rosada interprete el desdoblamiento como una señal de autonomía y decida jugar con candidatos propios. En ese caso, tanto en la provincia como en ciudades importantes podría configurarse un escenario de tercios: por un lado el espacio de Frigerio y Juntos por Entre Ríos; por otro, una expresión propia de La Libertad Avanza; y finalmente el peronismo.

Paradójicamente, ese escenario podría terminar favoreciendo al peronismo. No porque hoy tenga necesariamente más votos, sino porque podría volver a dividirse un frente que en 2025 compitió unido. En 2023, Rogelio Frigerio y La Libertad Avanza fueron por separado: Frigerio ganó la gobernación por poco más de 15 mil votos, mientras La Libertad Avanza tuvo su propia expresión. Pero en 2025 ambos espacios confluyeron y esa unidad les permitió imponerse.

La verdadera discusión, entonces, no es solamente si Frigerio desdoblará o no. La gran incógnita es si podrá volver a acordar con Milei sin perder centralidad propia. Porque de esa respuesta dependerá buena parte del escenario político de 2027.

Y cuando el espacio no peronista se divide —o incluso cuando se une sin terminar de resolver sus tensiones internas— el peronismo vuelve a ser competitivo, especialmente en aquellos lugares donde conserva estructura, dirigentes conocidos y una identidad política arraigada. Concepción del Uruguay es, probablemente, uno de los ejemplos más claros de esa lógica.

Sin embargo, el peronismo también atraviesa su propia discusión. Porque ya no alcanza solamente con conservar una estructura o mantener una identidad política. La gran pregunta es cómo reorganizarse frente a una nueva etapa.

En Concepción del Uruguay existe una figura que sigue teniendo un peso central: José Eduardo Lauritto. Su capacidad de ordenar, de mantener vínculos con distintos sectores y de influir al mismo tiempo en la política local, departamental y provincial continúa siendo decisiva.

Hace tiempo que Lauritto deja trascender, ante propios y extraños, que no pretende volver a competir por la intendencia. Su mirada parece estar puesta en la provincia. Y esa sola definición modifica todo el tablero.

Porque si Lauritto deja de ser candidato local, deja de ser solamente el conductor del peronismo uruguayense para transformarse en un actor provincial. Y, si finalmente decide jugar en ese plano, probablemente logre ordenar a buena parte del peronismo entrerriano, especialmente en el Departamento Uruguay, donde su liderazgo continúa siendo determinante.

Pero, al mismo tiempo, esa decisión abre inevitablemente otra discusión: quién y cómo conducirá la próxima etapa en Concepción del Uruguay.

No se trata solamente de definir un candidato a intendente. Se trata de algo más profundo: quién conducirá el principal espacio político de la ciudad. Y allí aparecen tensiones, movimientos silenciosos y dirigentes que, desde hace tiempo, intentan ganar volumen propio, construir relaciones y posicionarse pensando en un escenario sin Lauritto candidato local.

Algunos buscan presentarse como herederos naturales. Otros pretenden convertirse en alternativa. Y otros, directamente, intentan disputar el poder interno.

Sin embargo, incluso una eventual interna podría terminar fortaleciendo al peronismo. Si Lauritto decide proyectarse a la provincia, todos los sectores locales tendrían incentivos para alinearse detrás de él, aun cuando compitan entre sí por la intendencia.

La pelea local podría fragmentar la categoría municipal, pero no necesariamente la provincial. Cada espacio intentaría demostrar fuerza, estructura y capacidad electoral en Concepción del Uruguay, pero todos necesitarían, al mismo tiempo, traccionar una candidatura provincial fuerte para legitimarse.

En otras palabras: una interna local no tiene por qué ser necesariamente una debilidad. También puede transformarse en una herramienta de movilización, acumulación y construcción política, siempre y cuando exista conducción y reglas claras.

La discusión real, entonces, no es si habrá o no habrá interna. La verdadera pregunta es qué tipo de interna habrá. Una disputa feroz, destructiva y sin límites podría dañar al peronismo local. Pero una competencia administrada, con todos adentro y con una referencia común, podría incluso fortalecerlo.

Sin embargo, también sería un error mirar esta etapa sin espíritu crítico. Durante demasiado tiempo, la política uruguayense funcionó alrededor de una conducción muy fuerte y muy personal. Eso le dio estabilidad al peronismo y permitió sostener una estructura durante décadas. Pero también postergó la construcción de nuevos liderazgos.

Hoy, cuando se empieza a insinuar una etapa distinta, queda en evidencia que todavía no existe una sucesión clara. Y esa indefinición no es solamente responsabilidad de quienes aspiran a ocupar ese lugar. También es consecuencia de una forma de hacer política en la que, durante años, casi todo terminó dependiendo de una sola figura.

Tal vez allí aparezca una de las discusiones más importantes de los próximos años. Porque el problema de Concepción del Uruguay no es solamente quién reemplazará a Lauritto, sino qué tipo de dirigentes y qué tipo de política vendrán después.

La ciudad parece estar entrando lentamente en una etapa distinta. Una etapa en la que ya no alcanza con la estructura, el apellido, los acuerdos o la exposición permanente. Una etapa en la que la sociedad empieza a valorar otras cosas: preparación, capacidad, trabajo concreto, cercanía y conocimiento real de los problemas de la ciudad.

Mientras algunos dirigentes siguen mirándose demasiado a sí mismos, concentrados en las internas, las candidaturas, las especulaciones o comentando la actualidad en distintos medios, una parte importante parece empezar a hacerse otra pregunta: quiénes están realmente trabajando sobre los temas que afectan a Concepción del Uruguay.

La situación económica, las dificultades de muchos sectores, los problemas de infraestructura, la falta de oportunidades para los jóvenes y el cansancio frente a una política cada vez más encerrada en sí misma obligan a pensar una etapa diferente.

La ciudad no necesita más ruido. Necesita dirigentes que estudien, expliquen, construyan y defiendan los intereses de las mayorías.

En ese contexto, un escenario de tercios podría beneficiar todavía más al peronismo en Concepción del Uruguay. Porque si Frigerio y Milei no logran sostener un acuerdo, es muy probable que tanto en la provincia como en la ciudad aparezcan tres espacios distintos: el peronismo; el espacio de Frigerio y Juntos por Entre Ríos; y una expresión propia de La Libertad Avanza.

Eso dividiría el voto que en 2025 acompañó al oficialismo provincial. Mientras tanto, el peronismo podría llegar más ordenado, con una estructura consolidada y con una referencia provincial fuerte.

Del lado de Juntos por Entre Ríos, la situación tampoco aparece cerrada. Tras la caída política de Juan Ruiz Orrico —quien había realizado una elección competitiva en 2023, pero quedó fuera de carrera luego del trágico y fatídico suceso en la ruta 39, en el que conducía con alcohol en sangre un vehículo oficial de la provincia y murieron cuatro jóvenes trabajadores—, el espacio quedó sin un liderazgo local indiscutido.

En ese vacío empiezan a mencionarse varios nombres. Aníbal Steren, Marcelo Bisogni, Leandro Clapier, Ricardo Vales o Jorge Satto podrían intentar ocupar ese lugar.

La sola aparición de Bisogni como posible referencia opositora muestra hasta qué punto se ha reconfigurado la política local. Dos veces intendente de Concepción del Uruguay, dos veces diputado provincial y durante años uno de los principales dirigentes del peronismo uruguayense, hoy aparece integrado al esquema político de Rogelio Frigerio.

A la vez, el eventual quiebre entre Frigerio y La Libertad Avanza podría abrir otra novedad: la posibilidad de que Evelyn Viganoni, recientemente alejada de Juntos por Entre Ríos, termine acercándose a La Libertad Avanza para competir por la intendencia. Tampoco puede descartarse que Pamela Velardez busque representar a ese espacio en la ciudad.

Todo esto refuerza una idea: mientras el peronismo discutirá quién conduce la próxima etapa dentro de una estructura consolidada, la oposición podría llegar a 2027 atravesada por una doble disputa: entre Juntos por Entre Ríos y La Libertad Avanza, y además dentro de cada uno de esos espacios.

Por eso, la gran incógnita de 2026 no será solamente quién será candidato. La verdadera pregunta será quién llegará mejor preparado al momento de las definiciones. Porque, muchas veces, en política no siempre gana el que más mide, sino quien logra ordenar a los propios, interpretar mejor a la sociedad y construir una idea de futuro.

Y esa discusión, silenciosa pero decisiva, ya empezó.

Fuente: Nota de la Redacción.