El gobierno provincial difundió en los últimos días una nueva explicación sobre la reforma previsional.

El gobierno provincial difundió en los últimos días una nueva explicación sobre la reforma previsional. Allí sostiene que el principal problema del sistema actual es la llamada “movilidad espejo”: el mecanismo por el cual las jubilaciones acompañan directamente la evolución salarial de los trabajadores activos.
Según esa mirada, el sistema vigente genera “distorsiones”, porque los haberes jubilatorios aumentan al ritmo de las paritarias aunque los aportes no alcancen para sostenerlos. Es una posición discutible, pero al menos tiene una lógica.
Lo que no tiene lógica es afirmar, al mismo tiempo, que la reforma no cambia nada importante, que los jubilados actuales seguirán «igual como hasta ahora». Porque si el propio gobierno dice que la “movilidad espejo” es el problema, entonces la reforma necesariamente dejaría atrás ese sistema. Y eso es exactamente lo que surge de los lineamientos oficiales.
La propuesta prevé que las jubilaciones ya no se actualicen directamente según los aumentos salariales de cada sector, sino a través de un índice. Un índice que “tomaría como referencia” la fórmula nacional de la Ley 27.609, pero cuya metodología concreta sería definida posteriormente por el Poder Ejecutivo. Es decir: ya no habría una relación directa entre el salario de un trabajador activo y el haber de un jubilado de ese mismo sector.
Un docente jubilado dejaría de seguir automáticamente la paritaria docente. Un trabajador de salud retirado dejaría de estar directamente vinculado a la evolución salarial del personal de salud. Un policía jubilado dejaría de acompañar los aumentos de los policías en actividad. Entonces, ¿de qué “movilidad espejo” estamos hablando?
El gobierno cuestiona el sistema actual, pero al mismo tiempo intenta tranquilizar diciendo que “el 82% móvil no se toca”. Sin embargo, no alcanza con repetir “82% móvil”. La verdadera pregunta es: 82% de qué, y actualizado según qué.
Porque si el haber ya no evoluciona junto con el salario del trabajador activo, el porcentaje puede seguir existiendo en el papel, pero deja de significar lo mismo en la práctica.
Otro punto sobre el que tampoco hay precisiones.
Entre los lineamientos difundidos por el gobierno aparece la posibilidad de modificar el cálculo del haber inicial, pasando de tomar los mejores años de la carrera laboral a incorporar períodos mucho más extensos.
Si eso finalmente se concreta, el resultado sería evidente: ingresarían al cálculo los salarios más bajos del comienzo de la vida laboral, y el haber inicial sería menor. Una docente que hoy podría jubilarse con un haber cercano a su último salario, pasaría a jubilarse con un promedio mucho más bajo. Lo mismo podría ocurrir con enfermeros, administrativos, policías y gran parte de los trabajadores del Estado.
Sin embargo, el gobierno no explica cuánto cobraría un docente con el nuevo sistema. No dice cuánto perdería un empleado administrativo. No informa cuánto dejaría de percibir una enfermera. Y sin números, no hay debate serio.
Si realmente quieren construir una política de Estado, deberían hacer algo muy simple: presentar el proyecto, publicar simulaciones reales y explicar con claridad qué cambia.
Porque una reforma previsional no puede discutirse sobre slogans, ni de espaldas a la gente.
Puede discutirse si el sistema actual funciona bien o mal. Puede discutirse si necesita cambios. Pero lo que no se puede hacer es romper el espejo y después decir que seguiremos viendo la misma imagen.
Fuente: N. de la R.
