Brindará el discurso ante la Asamblea Legislativa, con el que abrirá el 142º período de sesiones ordinarias del Poder Legislativo, ante una delicada coyuntura económica.

ALGUNAS APOSTILLAS DEL ACTO DE APERTURA DEL 142° PERÍODO DE SESIONES ORDINARIAS.
El discurso del presidente será a las 21 hs y no al mediodía, como es tradición, para que «la mayor cantidad de argentinos puedan escuchar el mensaje presidencial después de sus horarios de trabajo», según contó el vocero presidencial, Manuel Adorni. Tampoco lo hará sentado desde el estrado del recinto de la Cámara de Diputados durante la Asamblea Legislativa, sino desde un atril ubicado para la ocasión entre las autoridades legislativas y las bancas de los legisladores.
Organizaciones sociales, sindicales y políticas de izquierda, asambleas barriales, federaciones estudiantiles marchan hoy a Plaza Congreso cuando el Presidente brinde su discurso ante la Asamblea Legislativa. La movilización es en rechazo al «megadecreto» y al ajuste de Milei y el FMI.
Por primera vez será la Policía Federal, y no la custodia interna del Congreso la que se ocupará de la seguridad en el edificio. La indicación fue dada por los titulares del Senado y Diputados, Victoria Villarruel y Martín Menem respectivamente. Entre otras disposiciones impiden que los empleados del Congreso circulen y exigen que los periodistas permanezcan siempre en el lugar asignado. “El personal de las Comisarías del Senado y de la Cámara de Diputados coordinará con el señor Jefe de la Casa Militar de la Presidencia de la Nación y las fuerzas de seguridad policial, el estricto cumplimiento de esta Resolución”, señala la directiva.
El presidente anticipó que impulsará sus reformas por decreto, al margen del Poder Legislativo: “Hay otras reformas que podemos hacer por decreto… cambiando la aplicación de las leyes, y todo eso lo haremos”. “Pero mientras el Congreso tenga su composición actual, creemos que es difícil aprobar reformas, porque lo que quedó claro (…) es que los políticos no tienen problema en dañar los intereses de los argentinos para mantener sus privilegios”, dijo en diálogo con el periódico británico FInancial Times.
Milei también adelantó que enviará reformas parciales, en lugar de la ley Ómnibus, y una vez que pasen las elecciones legislativas del año que viene, enviará 3 mil proyectos al Congreso. “Los que voten en contra serán identificados como los enemigos del cambio”. “Estamos dispuestos a volver a enviar todas las reformas después del 11 de diciembre de 2025”.
La delicada coyuntura económica
Los últimos datos económicos interanuales revelan un escenario muy delicado. En enero, la caída de ventas minoristas alcanzó el 28,5 por ciento, las ventas en supermercados registraron un retroceso histórico del 10 por ciento (enero) y el despacho de cemento cayó el 20 por ciento. Por su parte, los últimos datos de actividad (relativos a diciembre de 2023) revelan una caída interanual del 12,2 por ciento en la construcción y del 12,8 por ciento en la industria. En su último informe, el FMI proyectó un retroceso en el PIB del 2,8 por ciento en el corriente año.
El panorama puede ser bastante más oscuro. Dejando a un lado al agro, petróleo y minería, el resto de los sectores productivos sufrirán caídas muy pronunciadas. La consultora Audemus, conducida por Matías Kulfas, estima un retroceso industrial del 9 por ciento en su escenario optimista y un 11,5 en el pesimista. En el caso de la construcción, la caída sería del 14 y 17 por ciento, respectivamente. En el Comercio, los números en rojo variarían entre el 9 y el 11,5 por ciento. Exceptuando al agro, el PBI sectorial total culminaría con un derrumbe de 5,4 en el escenario optimista y de 7,1 por ciento en el pesimista. Por su lado, el FMI proyecta una caída del 5,2 por ciento del PIB-no agrícola.
Un párrafo aparte merece el retroceso del poder adquisitivo de los salarios formales registrado en diciembre: – 13,7 por ciento. Es la mayor caída en términos reales desde que la serie, que utiliza el índice RIPTE, comenzó a publicarse en 1994. La contracción es incluso superior al critico mes de abril de 2002 tras el estallido de la convertibilidad (-9,4 por ciento).
El informe de coyuntura del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE), conducido por el economista rosarino Sergio Arelovich, precisa que “comparado con el mes de julio, antes de la ofensiva de los grupos de poder que buscó generar una hiperinflación para justificar el programa que quieren aplicar, la caída es del 24 por ciento: se perdió un cuarto del salario en cinco meses”.
El informe de MATE agrega que “la caída del salario entre 2002 y 2003 abarcó 14 meses y fue del 29 por ciento. Ahora, sólo en diciembre de 2023, el salario perdió 13,7 por ciento. Récord de caída para un mes. El poder adquisitivo quedó a muy poco del mínimo histórico alcanzado en abril de 2003”. Al mes siguiente, el santacruceño Néstor Kirchner asumía la primera magistratura. En su discurso ante la Asamblea Legislativa, Kirchner planteó “El equilibrio fiscal debe cuidarse. Eso implica más y mejor recaudación y eficiencia y cuidado en el gasto. El equilibrio de las cuentas públicas, tanto de la Nación como de las provincias, es fundamental”.
Algún lector desprevenido puede encontrar coincidencias con el discurso “fiscalista” de Milei. Sin embargo, las diferencias emergen cuando se focaliza el análisis en dos cuestiones centrales: 1) El déficit cero puede ser alcanzado de distintas maneras. El reparto de cargas, tanto en el rubro impositivo como en el de los gastos, puede hacerse de manera progresiva o regresiva y 2) la política fiscal no es otra cosa que un instrumento para el cumplimiento de los objetivos de la política económica. Los ajustes fiscales, por si sólo, no solucionan ningún problema.
La falta de distinción entre instrumentos y objetivos, determinan que el árbol tape el bosque. En los noventa, Alfredo Calcagno explicaba que “a los instrumentos tales como el régimen de convertibilidad, el tipo de cambio, la tasa de interés, el equilibrio fiscal y el grado de apertura externa se les ha dado el carácter de objetivos. Con ello se obtienen dos resultados: primero, que no se discutan los instrumentos, porque ahora son los objetivos que deben cumplirse y no cuestionarse; segundo, que los verdaderos objetivos (desde nuestro punto de vista, homogeneidad social, distribución más justa del ingreso, mejoramiento de la educación y la salud, industrialización, defensa del interés nacional) desaparecen del debate. De tal modo, no hay nada que discutir”.
Volviendo al discurso de Kirchner, el entonces recién asumido presidente anunciaba que “el objetivo básico de la política económica será el de asegurar un crecimiento estable, que permita una expansión de la actividad y del empleo constante […]. El resultado debe ser la duplicación de la riqueza cada quince años, y una distribución tal que asegure una mayor distribución del ingreso y, muy especialmente, que fortalezca nuestra clase media y que saque de la pobreza extrema a todos los compatriotas”.
La hoja de ruta kirchnerista fue crecimiento económico, más generación de empleo, más distribución del ingreso. La mirada puesta en la recuperación productiva, junto con la reparación de un dañado tejido social, fue una salida virtuosa a la crisis 2001-2002.Por el contrario, Milei entiende que la “justicia social“ y la distribución del ingreso” son ideas aberrantes. Queda claro entonces que son enfoques antagónicos para encarar una emergencia económica-social.
Autor: *drubinzal@yahoo.com.ar @diegorubinzal
